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CRISIS NERVIOSAS Y FUNERALES

16 enero 2023
Joel Alejandro Zapata Hernández

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Cuando una persona ha perdido a un ser querido, muchísimas emociones bombardean su mente. Tristeza y nostalgia, miedo y angustia, incluso ira y frustración, son sentimientos con los que tiene que lidiar el doliente y a los que está expuesto el trabajador funerario. Aunque esto es normal y esperado, en ocasiones estas emociones se viven fuera del ámbito de lo presupuestado, llevando al doliente a crisis de angustia y desesperación que algunas veces terminan con el familiar del fallecido requiriendo atención médica; en algunos casos, son el primer paso a padecimientos de depresión. 

Si bien las emociones en los sepelios no se traducen, generalmente, más que en llantos o incluso gritos, en ocasiones, intensos y repetitivos, tampoco se puede excluir la posibilidad de que una crisis de angustia se presente.

¿Te has preguntado cómo se manifiestan estas crisis y qué podrías hacer para apoyar?

¿Cuáles son los síntomas de una crisis nerviosa?

Los síntomas dependen de cada persona; los hay físicos como psicológicos, pero entre los más comunes están los siguientes (no están escritos siguiendo ningún orden):

  • Físicos:
    • Mares y/o náuseas.
    • Vértigo.
    • Dificultad para respirar. Sofocación.
    • Dolor abdominal.
    • Dolor estomacal (generalmente acompañado de vómito o diarrea).
    • Taquicardia.
    • Sudoración excesiva.
    • Entumecimiento o parálisis de algún miembro del cuerpo.
    • Temblores de algún miembro del cuerpo.
    • Escalofríos.
  • Psicológicos:
    • Necesidad intensa de no apartarse del féretro o no estar solo (terror al alejarse).
    • Insistencia en estar solo y no acercarse al féretro (terror al acercarse al ataúd o cuando alguien se aproxima).
    • Sensación de muerte o peligro inminente y constante.
    • Miedo a perder la cordura (sensación de que en cualquier momento perderá el control o enloquecerá)
    • Necesidad de caminar y moverse demasiado.
    • Miedos irracionales (por ejemplo, miedo intenso ante un familiar que tiene que apartarse del lugar, presintiendo que le pasará algo malo si sale del campo visual).

Estos no son los únicos síntomas de una crisis nerviosa, pero es bueno conocerlos. Varios de ellos aparecen antes de que la crisis propiamente surja.

¿Qué hacer en caso de presenciar una crisis nerviosa?

Antes que otra cosa, hay que aclarar que la mejor opción ante una crisis nerviosa de un doliente es NO INTERVENIR, debido a que tanto el afectado como su familia estarían en un estado de hipersensibilidad emocional; quizá, la llegada de un extraño no sea bien recibida, incluso llegando con las mejores intenciones.

Pero si los familiares solicitan ayuda, sobre todo si la piden directamente a nuestros trabajadores, es conveniente saber qué medidas se pueden tomar. Estas son algunas recomendaciones que se pueden tomar en cuenta:

  • Estar junto a la persona, manteniendo la calma y la paciencia; no servirán de nada los regaños o desafíos.
  • No medicar, pero sí preguntar si la persona consume algún medicamento psiquiátrico y, de ser así, preguntar si puede ingerirlo en ese momento o hasta una hora específica.
  • Alejarse del lugar e ir a un sitio tranquilo, según la opinión del afectado. Un sitio tranquilo puede ser un lugar cerrado, pero quizá la persona sienta más ansiedad entre cuatro paredes.
  • Usar frases cortas y sencillas para todo, sobre todo para saber qué le pasa al afectado y qué necesita. No actuar según suposiciones ni desde la propia experiencia. Puedes usar frases como:
    • “Dime que necesitas” 
    • “¿Cómo te puedo ayudar?”
  • Evitar las sorpresas: hay que anunciar cuando nos acercamos y cuando nos retiramos, así como lo que vamos a hacer: “Te voy a dar un vaso de agua.”, “Déjame abrir la ventana.”, “Iré a hablarle a tus padres.”, “Ya volví”, etc.
  • Ayudar a controlar la respiración y el ritmo cardiaco. Respirar contando hasta 10 y levantar y bajar los brazos puede ayudar. Puedes, además, decir cosas como:
    • “Lo estás haciendo muy bien (cuando se le está pidiendo que haga algo como controlar su respiración)”.
    • “Pronto te sentirás mejor”.
    • “Concéntrate en lo que estás haciendo”.
    • “Son tus pensamientos los que te hacen sentir así, pero tú los puedes controlar”.

Es necesario recordar que si la persona afectada o sus familiares nos piden ayuda, y solo si nos piden ayuda, es cuando podemos intervenir. Si no es así, deberemos limitarnos a facilitar a los familiares lo que nos soliciten para ayudar al afectado, como un celular, un sofá, agua, un botiquín, buscar el teléfono de algún especialista, si la familia lo pide. A menos que el afectado se desmaye o sus síntomas pongan en riesgo su vida (por lo que obviamente habría que llamar a un doctor o una ambulancia sin esperar a que nos lo soliciten), no debemos intervenir directamente.

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